Cuando hablamos de eternidad... ¿De qué hablamos?
Lo eterno y lo infinito son términos absolutos.
Todos sabemos que lo absoluto es antónimo de ser.
Lo absoluto o lo Absoluto, sin o con mayúscula,
pese a quien pese, no existe. Es la nada...
Adjetivar al amor como "eterno", entonces, no tiene
ningún significado, excepto, el de agradar a alquien
que confunde los términos. Cree en el tiempo como
una entidad separada. Eso es absurdo. Ni el tiempo,
ni el espacio tienen una existencia como entes.
Y curiosamente tampoco el Amor. Eso no existe.
Lo que existe es todas las acciones, buenas o no,
que ocurren en la vida de una pareja, en el terreno
erótico, de relación entre un hombre y una mujer,
que intentan vivir como pareja, casada o no.
Esas vivencias, sí pueden estar llenas de cariño,
buen trato, caricias, y todo lo que se les pueda
ocurrir a los que se gustan entre sí y se han
propuesto contribuir al bienestar del Otro.
En este último sentido, los "amores eternos",
suelen durar menos que las buenas intenciones
de quienes saben, desde que tienen uso de razón,
que la vida humana es apenas un instante en
el devenir del universo. CARPE DIEM...
"El optimista ve la rosa sin reparar en sus espinas; el pesimista se fija en las espinas sin contemplar la rosa." K. Gibran
Thursday, February 16, 2006
Friday, January 20, 2006
Nueve bellezas

Vida y muerte del amor
En la novela "Los Puentes de Madison County",
llevada a la pantalla posteriormente, se plantea
una tesis paradójica.
Que el amor erótico entre un hombre y una mujer,
al mismo tiempo que puede darse físicamente
en un espacio de tiempo mínimo, en el caso unos
pocos días, pero al mismo tiempo puede resultar
indefinido, (o eterno como suele decirse), en el
corazón o la mente, como se prefiera.
Es probable que, cuando se han entablado varias
relaciones, una de ellas se establezca en forma
permanente en nosotros.
A despecho de ellos, al inicio de otra relación,
esta parece ser , por un tiempo, la mejor y
definitiva.
La paradoja o contradicción se produce al
sucederse las relaciones amorosas.
Podría decirse que nacen, viven y mueren.
Sin embargo, continuan acompañándonos
en nuestras vidas, especialmente en los
hombres, (como yo), porque no podemos
olvidarnos de las mujeres, que durante
un tiempo, fueron nuestro "único amor".
E incluso, entre todas, brilla una más
que las demás. Tengo la sospecha que ese
recuerdo es el que tendremos presente
en el instante de nuestra muerte.
En todo caso, los que pretenden que
se ama una sola vez, sospecho que lo
hacen porque no han amado nunca.
¿Qué es el amor, después de todo?
De acuerdo con Humberto Maturana,
el gran biólogo, no es un sentimiento.
Se produce cuando aceptamos al Otro
como un legítimo Otro, en su diferencia.
No queremos hacer del Otro un clon.
Valoramos su diversidad, su ser distinto.
En un Multiverso donde nos respetamos
como seres únicos e irrepetibles.
Lo contrario del amor, son los celos y
no el odio ni la indiferencia.
El odio, se ha dicho, es una especie de
"amor congelado". Bien lo expresa ese
tango llamado "Rencor".
En la indiferencia no existimos para
el Otro, dejamos de ser, es la Nada.
El celoso o celosa, en cambio, se
dedica, ahogado por su desconfianza
e inseguridad, a destruir a quien
dice amar, humillándolo en múltiples
formas, constantemente.
Lo más lamentable es que los celos
es una enfermedad incurable, el llamado
Sindrome Celopático Delirante.
La persona afectada sólo se imagina
sus acusaciones, que justifica, en su
delirio, con hechos inocentes que sí
han sucedido, por ejemplo, una
simple conversación, una llamada
telefónica o una simple mirada.
La única solución para resolver
ese drama, es la separación.
Una separación definitiva, la que
puede resultar muy dolorosa,
cuando por parte del que decide
separarse, existía un verdadero
amor hacia el celoso o celosa.
El único consuelo que le queda
es darse cuenta que el celoso o
la celosa, no son capaces de amar,
sólo actuan posesivamente.
El amor es hijo de la libertad,
sólo se da entre personas libres,
capaces de confiar en el Otro.
Pero hay que aceptar que, así como
nace y vive, también muere, aún
cuando nunca muera su recuerdo.
Friday, December 23, 2005
Sobre ser feliz
Si a alguien le preguntaran... ¿Quieres ser feliz?,
creo que nos sorprendería demasiado una respuesta
negativa. Al parecer, todos quieren ser felices.
Incluso en un documento tan importante como
lo es la Declaración de la Independencia de los
Estados Unidos, se refieren, en uno de los párrafos
más importantes, al derecho de todo ser humano
"a la búsqueda de la felicidad".
En 1776, a esos honestos hombres ilustrados, les
parecía que a la felicidad se accede, quizás como
algunos creen que se conquista el cielo.
Con esfuerzo, con buenas obras, con virtudes...
Hoy en día las cosas están más claras.
El Vaticano, a través del Pontífice Juan Pablo II,
anunció ya que el cielo no es un lugar.
Y por cierto, de paso, que el infierno no existe.
Algunos sostienen que no poder amar es algo
muy cercano a lo que podemos llamar Averno.
Pero, volviendo al tema de la felicidad...
¿Es importante definirla?. Creo que no.
En un cuento oriental, (asì se dice para que el
dichoso cuento adquiera de inmediato un aire
de misterio y sabiduría), el emperador exige
a un pobre sabio el secreto para ser feliz.
El sabio, para salvar su cabeza, inventa que
para ser feliz, bastaba ponerse la camisa de
un hombre que declarara ser feliz.
De inmediato, el monarca mandó a sus servidores
a buscar la maravillosa prenda. En vano trataron
los enviados de lograr la vestimenta tan ansiada.
Todos contestaban que no eran felices.
Cuando ya el emperador desesperaba, por fin,
uno de ellos pudo informarle que había hallado
a un hombre que contestó afirmativamente
la pregunta. Contento, el príncipe solicitó la
camisa de ese hombre, un humilde campesino
a quien encontraron labrando la tierra.
La respuesta a la demanda la saben todos:
¡No pudimos traerla, Majestad, ese hombre
lleva el torso desnudo, no tiene una camisa!.
Mi opinión es que la felicidad es una decisión.
Una decisión personal. Y muy importante.
Yo decido ser feliz. Y los ingredientes de mi
felicidad pueden ser muchos. Quizás soy
feliz tan sólo por sentirme vivo.
Quizás soy feliz porque me doy cuenta
que soy capaz de decidir, o simplemente
soy feliz porque puedo ver el mundo.
O quizás soy feliz sin más, sin ninguna
condición. Soy feliz, estoy contento y punto.
Nuestro santo Alberto era feliz, sin duda,
su sonrisa lo prueba, y decía...
¡Contento, señor, contento...!.
Una conciencia en paz, sin duda contribuye
a que la decisión de ser feliz se mantenga.
¿Podemos ayudar a Otro a ser feliz?
Creo que sí, pero siempre la decisión
será totalmente personal... como debe ser
si somos plenamente humanos.
creo que nos sorprendería demasiado una respuesta
negativa. Al parecer, todos quieren ser felices.
Incluso en un documento tan importante como
lo es la Declaración de la Independencia de los
Estados Unidos, se refieren, en uno de los párrafos
más importantes, al derecho de todo ser humano
"a la búsqueda de la felicidad".
En 1776, a esos honestos hombres ilustrados, les
parecía que a la felicidad se accede, quizás como
algunos creen que se conquista el cielo.
Con esfuerzo, con buenas obras, con virtudes...
Hoy en día las cosas están más claras.
El Vaticano, a través del Pontífice Juan Pablo II,
anunció ya que el cielo no es un lugar.
Y por cierto, de paso, que el infierno no existe.
Algunos sostienen que no poder amar es algo
muy cercano a lo que podemos llamar Averno.
Pero, volviendo al tema de la felicidad...
¿Es importante definirla?. Creo que no.
En un cuento oriental, (asì se dice para que el
dichoso cuento adquiera de inmediato un aire
de misterio y sabiduría), el emperador exige
a un pobre sabio el secreto para ser feliz.
El sabio, para salvar su cabeza, inventa que
para ser feliz, bastaba ponerse la camisa de
un hombre que declarara ser feliz.
De inmediato, el monarca mandó a sus servidores
a buscar la maravillosa prenda. En vano trataron
los enviados de lograr la vestimenta tan ansiada.
Todos contestaban que no eran felices.
Cuando ya el emperador desesperaba, por fin,
uno de ellos pudo informarle que había hallado
a un hombre que contestó afirmativamente
la pregunta. Contento, el príncipe solicitó la
camisa de ese hombre, un humilde campesino
a quien encontraron labrando la tierra.
La respuesta a la demanda la saben todos:
¡No pudimos traerla, Majestad, ese hombre
lleva el torso desnudo, no tiene una camisa!.
Mi opinión es que la felicidad es una decisión.
Una decisión personal. Y muy importante.
Yo decido ser feliz. Y los ingredientes de mi
felicidad pueden ser muchos. Quizás soy
feliz tan sólo por sentirme vivo.
Quizás soy feliz porque me doy cuenta
que soy capaz de decidir, o simplemente
soy feliz porque puedo ver el mundo.
O quizás soy feliz sin más, sin ninguna
condición. Soy feliz, estoy contento y punto.
Nuestro santo Alberto era feliz, sin duda,
su sonrisa lo prueba, y decía...
¡Contento, señor, contento...!.
Una conciencia en paz, sin duda contribuye
a que la decisión de ser feliz se mantenga.
¿Podemos ayudar a Otro a ser feliz?
Creo que sí, pero siempre la decisión
será totalmente personal... como debe ser
si somos plenamente humanos.
Wednesday, December 21, 2005
El amor es hijo de la libertad
Sólo el que es libre y por lo tanto, puede decidir,
es capaz de amar. El amor es una expresión de la libertad.
Ya lo dice el adagio francés:
"L'amour c'est le fils de la liberté".
Cuando se pretende reducir la libertad del Otro,
cuando se le controlan sus actividades,
y sobre todo cuando no se le tiene confianza,
cuando aparecen los celos, el amor ha muerto.
Cuando se sospecha de su conducta, no se le cree,
entonces está claro que no sólo no hay libertad,
sino que tampoco hay amor, por el contrario,
se ha hecho presente el desamor.
El verdadero amor libera a la persona, la hace
aún más libre, para potenciar todo su ser
al máximo posible de su realización.
El que ama, con su confianza incondicional
construye un pedestal en el que se apoya el
ser amado para ir cada vez más allá...
Como expresa el insigne poeta andaluz,
el amor ilumina al amado, hasta el último
rayo de sol del atardecer, en lo alto.
es capaz de amar. El amor es una expresión de la libertad.
Ya lo dice el adagio francés:
"L'amour c'est le fils de la liberté".
Cuando se pretende reducir la libertad del Otro,
cuando se le controlan sus actividades,
y sobre todo cuando no se le tiene confianza,
cuando aparecen los celos, el amor ha muerto.
Cuando se sospecha de su conducta, no se le cree,
entonces está claro que no sólo no hay libertad,
sino que tampoco hay amor, por el contrario,
se ha hecho presente el desamor.
El verdadero amor libera a la persona, la hace
aún más libre, para potenciar todo su ser
al máximo posible de su realización.
El que ama, con su confianza incondicional
construye un pedestal en el que se apoya el
ser amado para ir cada vez más allá...
Como expresa el insigne poeta andaluz,
el amor ilumina al amado, hasta el último
rayo de sol del atardecer, en lo alto.
Tuesday, December 20, 2005
¿Dónde estoy?
¿En qué lugar estoy?. ¿En qué blog?
¿Cómo puede uno escribir en un blog
y que luego la publicación aparezca
en otro blog?.
Misteriosos links están al acecho y
trabajan por cuenta propia.
Todo es para bien. Así está escrito.
¿Cómo puede uno escribir en un blog
y que luego la publicación aparezca
en otro blog?.
Misteriosos links están al acecho y
trabajan por cuenta propia.
Todo es para bien. Así está escrito.
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